Condiciones de nuestra clínica diaria que afectan a la palma del casco (vol. I)

La palma del casco del caballo

Los traumatismos sufridos en la palma del casco por objetos de diferente naturaleza y forma son encontrados con mucha frecuencia en nuestra clínica equina diaria. Los procesos patológicos que pueden producirse como consecuencia de estas agresiones externas pueden ser muy variados en cuanto a su severidad, abarcando desde un simple absceso o hematoma en la palma del casco, hasta una infección sinovial por penetración de estructuras articulares, fracturas y/o producción de secuestros óseos, encontrando todos ellos, en muchas ocasiones y en un estado inicial, una sinonimia común en cuanto al grado de cojera mostrado, siendo por ello vital una acción profesional rápida basada en un diagnóstico certero diferencial para instaurar un posterior tratamiento específico de la patología encontrada. La mayoría de estos traumatismos son tratados de forma conservativa y generalmente conllevan un buen pronóstico aunque siempre hemos de considerar el peligroso potencial que pueden llegar a tener algunas penetraciones en estructuras profundas del casco.

Es por ello fundamental la realización de un examen exhaustivo por parte de un clínico experto y conocedor no solo de la anatomía del casco sino de los riesgos que pueden acarrear dichas penetraciones.

Las penetraciones producidas en la palma del casco por objetos punzantes son encontradas con frecuencia en nuestra clínica diaria (Richardson et al. 1986), mostrando la mayoría unos signos clínicos muy similares aunque pudiendo tener una evolución y con ello un pronóstico totalmente diferente en función de las estructuras afectadas. Los traumatismos en la palma del casco pueden ser producidos por diferentes tipos de objetos tales como piedras, cristales, tornillos, clavos, etc, siendo estos últimos los más peligrosos debido a su poder de penetración y más aún si presentan una longitud considerable (Figuras 13a, 13b y 13c –segunda parte-). Estas agresiones externas tiene el gran peligro potencial de afectar a tejidos más profundos y con ello producir lesiones severas en el casco llegando a poder afectar a la propia vida del animal (Wright et al. 1999, Smith 2011).

Por tanto y a modo de conclusión, nunca debemos menospreciar este tipo de accidentes por muy pequeña que sea la causa que los origina ya que verdaderamente pueden acarrear consecuencias muy graves (Figura 1).

Abscesos

Los signos clínicos mostrados pueden llegar a ser a veces muy variables de ahí que en ocasiones sean difíciles de diagnosticar, así mismo se pueden producir tanto en caballos herrados como sin herrar. Los abscesos son verdaderamente comunes de encontrar en nuestra clínica diaria. Los agentes que pueden ocasionarlos pueden ser muy variables en forma y naturaleza, desde un clavo de su herradura cercano al tejido sensible laminar o incluso penetrando estos, una piedra, cristal o hasta incluso una infección que se haya diseminado por la línea blanca (enfermedad de la línea blanca) y/o un cuarto.

Como consecuencia de estas agresiones se instaura, en el interior del casco, una infección en la zona traumatizada. Esta infección es producida por bacterias propias del ambiente en el que viven nuestros caballos y se establecen en la zona sensible de las láminas (stratum germinativeum y corneum) del casco colonizando el área y produciendo el absceso que progresivamente ira creciendo y aumentando con ello la presión en las láminas sensibles del casco llegando incluso en ocasiones a avanzar proximalmente en su camino hasta erupcionar por la banda coronaria o bulbo de talones.

Por regla general los signos clínicos se observan en las primeras 24 h-48 h y con el tiempo se suelen ir agravando encontrándose un mayor grado de cojera en nuestro paciente junto con un mayor grado de temperatura a la palpación del casco, mayor pulso digital a nivel de su cuartilla y/o huesos sesamoideos proximales y llegando incluso, en casos más severos, a producir celulitis de la zona más distal de la extremidad y/o infección sistémica produciendo fiebre, letargia y anorexia.

Es fundamental para la investigación del casco el uso de las pinzas y/o incluso presión digital (en palmas generalmente más blandas) para establecer una precisa localización de la zona afectada aunque en ciertos casos puede existir una sensibilidad general en toda su palma, así mismo considero que para efectuar una completa inspección resulta necesario quitar las herraduras con el fin de poder examinar detenidamente todos los trayectos de los clavos y una mayor superficie de la palma. El uso de la anestesia local perineural es de gran utilidad para la localización de la zona afectada cuando realizamos un examen de cojera, sin embargo existen casos en los que el alivio/anestesia esperados no surten su efecto como consecuencia de la acidosis producida en los tejidos inflamados reduciendo así los efectos anestésicos.

Un examen radiográfico puede sernos de utilidad a la hora de visualizar un acumulo de pus o de gas en el casco, sobre todo en aquellos casos en los que no exista un punto específico de dolor a las pinzas de casco. Así mismo cambios radiológicos de densidad ósea o lisis de la falange distal pueden verse en algunos casos de abscesos crónicos o sepsis del hueso.

Debemos por otra parte ser siempre cautos en la interpretación de los hallazgos y/o artefactos radiográficos, tales como la crena de la falange distal. El tratamiento, tras la localización concreta del absceso, va a consistir fundamentalmente en el drenaje del foco de infección mediante el uso de cuchillas especiales de casco intentando abrir un drenaje efectivo evitando en todo momento dañar tejidos que no se encuentren afectados por el absceso, realizando pues un desbridado selectivo del corion necrótico (Figuras 5,6 y 7). En aquellos casos en los que no exista una precisa localización del absceso es aconsejable la maduración del mismo mediante el uso de baños calientes y/o la aplicación en la palma de cataplasmas calientes junto con sales de sulfato de magnesio, pudiéndose con ello iden tificar de mejor manera la exacta localización del problema.

Mediante el uso de estas sales se aumenta la presión oncó- tica y además de ablandar la palma vamos a atraer hacia la superficie de la misma el absceso reduciendo con ello la inflamación de los tejidos blandos del interior del casco. En la mayoría de casos existe una pronta mejoría una vez efectuado el drenaje. El uso de antibióticos y antinflamatorios puede interferir en la formación y maduración del absceso, por lo que se desaconseja el uso de los mismos como norma general.

Hemos de considerar que en ciertas ocasiones el trayecto del foco de infección puede adquirir dirección proximal hacia la banda coronaria o incluso extenderse por los tejidos blandos del casco circundantes afectando en ocasiones a su falange distal, laminas, almohadilla digital y/o ranila, etc.

En estos casos más severos si se debe realizar un tratamiento médico basado en el uso de antibió- ticos de amplio espectro y antiinflamatorios e incluso teniendo a veces la necesidad de realizar un desbridado quirúrgico agresivo, ya que pueden producirse diferentes condiciones asociadas tales como osteítis séptica, queratoma (Figura 3 a, b, c, d, e), infección de los cartílagos colaterales (Figura 4-quittor), laminitis, pododermatitis septica (canker) y aséptica…etc.

El peróxido de hidrógeno nos puede ayudar a la disolución de las zonas que presentan una mayor extensión de tejido necrótico, siempre teniendo cuidado de no dañar los tejidos sensibles que rodean la zona. El uso de gasas empapadas en povidona yodada y azúcar y/o metronidazol va a depender de las circunstancias encontradas, aunque la existencia de tejido necrótico puede limitar su acción (Kempson and Robb 2004), en estos casos resulta pues fundamental la realización de un desbridado selectivo de las zonas afectadas.

Mencionar también el uso cada vez más frecuente de terapia con larvas (Maggot) en aquellos casos en los que existe una gran extensión de tejido necrótico. En cada una de las diferentes condiciones asociadas se usaran estrategias específicas tanto médicas y quirúrgicas como para conferir apoyo a las estructuras afectadas, estas últimas mediante nuestra siempre importante colaboración con el herrador. Resulta pues fundamental un rápido diagnóstico e instauración de un tratamiento efectivo para en primer lugar aliviar el dolor y en segundo lugar para evitar la extensión de la infección a otros tejidos que nos lleven a complicaciones mayores.

Abscesos crónicos

La existencia de abscesos recurrentes suelen ser consecuencia de una mala resolución/tratamiento de un absceso anterior, debido bien a una falta de drenaje y/o a una perpetuidad de la infección en el área afectada. Sin embargo siempre hemos de tener en mente la posibilidad de la existencia de una complicación mayor (queratomas-Figura 3, secuestros óseos Figuras 8,9 y 10, sepsis, enfermedades endocrinas-Cushing), por ello realizando una informativa anamnesis, un examen en profundidad y mediante el uso de diagnósticos por imagen tan comunes como radiografía y ultrasonografía (con un mayor interés en un diagnóstico certero.

En estos casos recurrentes es aconsejable la toma de muestras del tejido/s afectados para su cultivo (Figura 11) y posterior antibiograma (Moore et al 1992). El uso de antibióticos a nivel local sean mediante perfusión regional y/o mediante cabezas-gasas impregnadas en antibióticos ayudaran en la mayoría de ocasiones en el manejo de este tipo de casos (Werner et al. 2003).

De suma importancia considerar la posibilidad de existencia de enfermedades sistémicas enfermedaddisfunción de la parte intermedia de la pituitaria (Enfermedad de Cushing) con carácter inmunosupresor y produciéndose en estos casos abscesos recurrentes así como laminitis crónicas debido a las alteraciones endocrinas que se producen en esta enfermedad. De nuevo resulta de gran interes el trabajo en conjunto con nuestro herrador de confianza para conferir soporte y protección a la zona lesionada mediante el uso de un herraje especial y/o el uso de placas de hospital (Figura 12).

 

 

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Antonio Andrades Merchán

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